16 de diciembre de 2008

Primera Parte

Me llamo Carmen Jiménez, tengo 35 años y soy una mujer como cualquier otra. No tengo nada en esta vida que valga la pena destacar. Una persona más como tantas en este mundo. Con una infancia simple y llena de cariño por parte de mis padres.
Una vieja masía fue mi hogar. Mi padre era un payes propiamente dicho. Hoy lo llamarían un empresario agrícola, pero la realidad esta en la tierra y el cuidado que el siempre propicio a su labor.
El recuerdo por tradición fue siempre el criadero de pollos de payes.
Mi madre tenía una mano increíble para cocinar. Su comida predilecta para agasajar a un invitado era el pollo se payes que papá criaba. Hacerlo era como una ceremonia. Elegía con toda disciplina al animal que iba a ser nuestra comida. La receta culinaria de mamá viene de antes de que yo naciera, pero eso no es lo importante ahora...
Me casé a los 24 años y me fui a vivir a Barcelona. Ambos vivíamos en las afueras, él trabajaba de comercial para una firma muy conocida. Yo en cambio después de terminar el instituto entre a trabajar como consultora de la biblioteca del pueblo y allí me quedé. Siempre me atrapo este trabajo.
El primer año de matrimonio fue realmente una delicia, estábamos enamorados.
Con el tiempo sacamos una hipoteca y nos compramos un piso, que por cierto aun pagamos.
Podría enmarcar como una pesadilla cuando empezamos a buscar un hijo. Descubrimos que yo era estéril, él nunca pudo aceptar la situación y esto hizo que nuestra relación matrimonial empezara su camino al fracaso, también se sumó el cierre de la empresa donde trabajaba y se quedó sin empleo.
Marcos tenía 10 años más que yo y sin lugar a dudas con esa edad no lo aceptaban en ningún lado.
Hice el traspaso de la biblioteca donde vivía de soltera. Pero no era lo mismo vivir en un pueblo apartado de la capital a estar en ella.
Yo nací en Olot, un municipio de Cataluña, situado en la provincia de Gerona, capital de la comarca de la Garroxa que es muy conocida por sus espacios verdes y naturales. Todo este conjunto se encuentra ubicado en el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garroxa. Esta inviolada vida llena de naturaleza viva, con árboles como las hayas que se visten de colores indefinidos en el otoño y reverdecientes en el verano, quedaron muy lejos de mi cuando me fui a vivir a la ciudad.
Tome el cargo de auxiliar de bibliotecaria en el turno de 8:00 de la mañana hasta las 13:30hs. Así empezaron mis días. Pasaba siempre por mismo sitio. Iba y venia entre las personas.
Llegaba a casa y sabía que me esperaba hacer la cena cumpliendo los requisitos estrictos de él. Dejar de ser un placer para convertirse en una carga absoluta.
Si él no ambicionaba nada de la noche a la mañana ya no era mi problema. Yo quería otras cosas.

Deseaba verter en las hojas de un ordenador las cartas para las amigas, aquellas que dejé lejos hace años en otro pueblo, mirar un poco de televisión y dormir, ya que el día siguiente era igual al de hoy. Ya había perdido la noción de tener una pareja o un hombre que se diera cuenta que yo también estaba incluida en el paquete de vivir juntos “hasta que la muerte nos separe”.
Solo eso me esperaba, me desgastaba el trabajo de la biblioteca y también estaba agobiada del tipo de marido que tenía; me lo encontraba siempre en el bar o en sofá de casa mirando televisión. Realmente los dos no queríamos seguir adelante, pero ninguno se animaba a plantearlo. Marcos ya no era la misma persona con la que me había casado y a decir verdad yo tampoco lo era.
A él le gustaba cocinar, cada tanto me sorprendía con algo inesperado. Nunca espero mi llegada del trabajo para preguntar. ¿Qué comemos hoy?
Pero esa conducta se diluyó con el tiempo, ya no cocinaba por mi y cuando lo hacía se transformaba en una factura de reclamo. Decía amarme y respetarme, pero ese concepto no llegaba al interior de mí ser, me parecía más una frase hecha que un hecho demostrable.
Muy despacio salí de una depresión que robó años de mi vida, sabiendo que no iba a tener un hijo, cuando en verdad era algo que deseaba con todo mi ser.
Me volví más obsesiva que antes con la limpieza, el orden. Los horarios pasaron a ser un cronometro diario.
Volver a ser quien era no fue fácil y aun así nunca mas fui la mima. Las personas cambiamos día a día porque los hechos y las situaciones nos obligan, eso nos hace evolucionar o involucionar en nuestra persona. Aceptar ese crecimiento nos avanza en el mañana, desde nuestra expresión hasta nuestra vestidura, sin hablar detenidamente de nuestro comportamiento.
La no aceptación de ese cambio nos eterniza en una avidez perdida de la vida misma. Porque…. ¿Que es la vida sin una ambición? Nada.
Tres años fueron suficientes para perder amigos, sentimientos, apego a mi casa de soltera y con ella todos los arraigos que constituyeron una vida. Pasaba los días buscando algo que seguramente no existía, pero que alguna vez tuve… Papá y mamá murieron de viejos, casi juntos a diferencia de un año uno del otro.
No tenia hermanos, fui hija única y mimada por doquier. Así también pesaron mis soledades y mis angustias. La casa de mis padres quedó en el olvido. Cerrada y sin recibir ni siquiera una visita.
Pero no tomé conciencia de que me había quedado sola, hasta que todo cambio.
Aun recuerdo mis libros de historia en casa de mis padres donde todo quedó abandonado, por momentos, me consolaba trabajar en una biblioteca. Todo esto no resolvía mi vivir y los días no eran mejores por eso. Las peleas en casa se acentuaban cada vez más. Las vidrieras me tenían harta con sus precios y rebajas de época. Era siempre más de lo mismo. Recuerdo que me molestaba que me hablen en la peluquería, donde una vez a la semana mi cita era religiosa.



-Buenos días don Pepe. ¿Como se encuentra hoy? ¿Cómo lo trata esta ciudad? ¿Usted que cree lloverá o no lloverá? –
-La verdad Carmen que no se decirle. Hoy estoy mejor del constipado pero peor de las piernas y los juanetes me dicen que habrá chubascos, ya con eso se imagina como me irá hoy. –
- Creo que tiene razón, hoy lloverá seguro, por eso me llevó el paraguas. Dígame una cosa don Pepe ¿Le trajeron alguna pintura nueva? En el trabajo hay una mujer de esas que no saben en que poner su dinero y anda buscando una pintura diferente. Le recomendé una búsqueda orientada por alguien que entendiera del tema y pensé en usted pero primero quería hablarlo.-
-Gracias, una venta no viene mal en estos días. Si tiene dos minutos le muestro algunas pinturas... –
-Veamos, en vez de tomar el café en la cafetería de siempre lo haré con usted, veo que su cafetera esta caliente. ¿Qué le parece? –
- Buena idea mientras miramos lo que tengo.-

Era casi todo lo que me faltaba para no sentirme mal. Un anticuario de barrio justo al salir de mi casa. Lo único agradable era su dueño, don Pepe.
Las láminas de pinturas pasaban ante mis ojos como si entendiera, el viejito me las detallaba con suma paciencia. Era lógico había que vender algo, que seguramente no era tan fácil. Allí encontré el trabajo de una pintora que creí que me gustaba por su colorido y su manejo de lo abstracto. Pero la verdad, después de unos instantes, para mi todo era igual tan igual como los días de mi vida. Así fue como quedé en mandarle a la mujer que buscaba algo diferente. Al salir de su tienda me llamó la atención la estatuilla de un caballero templario que tenía en su escaparate, desde entonces todos los días la miraba. Al llegar de la biblioteca y al irme por las mañanas.
Algunas veces don Pepe no abría, porque no estaba bien de salud. No era un hombre grande, pero tampoco un joven. Una mañana después de haber descubierto la estatuilla, me animé a preguntar por su valor, parecía un objeto de valor.

- Otra vez por aquí Carmen, hace unos días que no la veo.-
- Es verdad estuve con mucha faena en la biblioteca y llego muy cansada.-
- Apropósito de eso, quería agradecer la clienta. Una señora muy fina y delicada pasó a ver las pinturas y se llevó unas cuantas.-
- Me alegro por usted don Pepe.-
- ¿Me parece a mi o usted vino por algo en especial? La veo indecisa ¿Me equivoco? –
- No en realidad no se equivoca, vine porque quiero saber cuanto vale la estatuilla del caballero templario que tiene en el escaparate.-
- Hummm.… No es cara, pero es buena. Es de marfil y la base es de bronce. ¿Qué le llamó la atención de ella? –
- Realmente no lo se, será que hace tiempo no me compro algo que valga la pena tener en casa, además tengo un lugar libre en el mueble de la entrada y supongo que allí quedará bien.-
-Es inútil todo es cuestión de gustos, yo no tendría a este caballero templario en la puerta de casa.-
-¿Porque no? –
- No es muy importante que se diga en su valoración, lo que hace que no impactaría en una entrada, es más pienso que nadie le daría importancia, buscaría un lugar que lo ayude a verse. Pero es solo mi opinión.-
-Puede que tenga razón, pero ya le destiné ese lugar, claro, si es que lo puedo comprar…jajaja.-
- No es caro, sale la mitad de su sueldo de bibliotecaria. –
- ¿Y usted como sabe cuanto gano yo? –
- Es muy simple, mi hija tenía el puesto antes de que usted viniera.-
-¿Porque lo dejó? –
- Por su enfermedad y otras mentas mas que siempre se suman a nivel familiar. Haga usted lo siguiente, si me permite, cuando tenga ya dispuesta la compra venga que lo hablamos, no habrá problema con usted Carmen.-

Pasaron dos meses hasta que tome la decisión final de comprarlo. La economía en casa estaba muy mal. Solo contaba con el ingreso de la biblioteca y nada más, Marcos había decidido que su año sabático durara ya tres años.
Estas cosas estaban haciendo límite con la realidad y nos estábamos planteando tomarnos un tiempo para ver si podíamos arreglar la situación. Finalmente así fue.
Unos amigos del trabajo me invitaron una noche a la casa de la novia de uno de ellos y pensé que ir era lo mejor, para salir un poco.
Allí conocí a María, una mujer muy especial, de ademanes muy femeninos y por cierto muy enamorada de mi compañero de trabajo.
El sitio donde uno trabaja muchas veces se convierte en confesionario obligatorio, por no tener con quien hablar y por verse a diario. Así fue como la conversación derivó en hechos y desechos de todos los que estábamos allí presentes. Después de haber manifestado mi situación, me di cuenta de la necesidad de hablar que tenía, de otra forma no lo hubiera hecho entre personas que no conocía. En esa reunión a mi me tocaron los desechos, cuando comente que me iba a separa por un tiempo y a más de un lobo se le vio el colmillo. Pero a la anfitriona le llegó de otra forma mi comentario. Ella lo sintió como un mensaje de auxilio y en verdad lo era, sólo que no me daba cuenta de ello. En un momento, María, me llamo para que fuéramos a la cocina y me dijo:

- Se que no nos conocemos, pero si puedo ayudarte de algo cuanta conmigo. Yo pase hace años por una situación parecida, lastima que los que sufren son los hijos, aunque yo no los tenga.-
- Yo tampoco los tengo… Es más creo que ese es el problema elemental de esta relación.-
- Mira para no entrar en detalles y antes de que alguien venga para aquí con alguna excusa te diré.

Ella se acercó a la puerta para ver si venía alguien, no entendía el porque hasta que habló.

- Tengo una casita muy antigua pero refaccionada, en verdad mas que refaccionada podría decirse conservada, esta en las afueras, si quieres puedes tomarla hasta que veas que harás con tu vida. Hace tiempo que no voy pero esta en condiciones.-
- Yo no puedo aceptar esta propuesta, tú no sabes ni quien soy siquiera.-
- Es verdad, pero eres mujer como yo y vale la pena el riesgo, lo que no vale es que te conviertas en un ser más lastimado de lo que estas .Eso es lo que veo en tus ojos, por algo tienes los parpados tan caídos, yo pensé que era tu rostro, pero en verdad es sufrimiento. Acuérdate de la frase “ los ojos son el espejo del alma”-
-No puedo tomarla, aunque buena falta me hace. Mucho menos de prestado.-
- Hagamos una cosa Carmen, te la alquilo. ¿Te parece buena idea así?-
- Bueno no es tan mala y por otro lado me sentiré mejor. Igualmente déjame pensar y te contestaré.
- Vale, te tomo la palabra.-

Ella me dejo su numero de móvil y yo el mío, nos llamaríamos en la semana o cuando yo me decidiera.
Mi llegada de esa noche a casa fue la gota que renvalsó el vaso. El entro en una crisis y la discusión se desencadenó de forma violenta y terminante. No quiero entrar en detalles, pero él dijo que nunca se iría ya que esa era también su casa.
No se si fue imprudencia o lo correcto pero monté en cólera ante sus gritos y como dominio de una situación ya resuelta le conteste que no se preocupe por eso, que si alguien se iba esa era yo. Así fue como finalizó esa noche.

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